11 jul. 2007

fto marruecos 2007 María Salán.
No basta abrir los ojos, hay que abrir lo mirado
Hugo Mujica
El FILÓSOFO
Pensaba, por ejemplo, en mitad de la noche:
-¿Qué es más real,
lo que alguien imagina
o lo que ocurre
pero nadie ve?
Y sentía pasar la inteligencia
por su sangre
como un destello eléctrico.
Todo se iluminaba para cobrar sentido.
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Siempre intentó abarcar el mundo con las manos.
Quiso decir: Lo nuevo no se encuentra, se inventa.
Y que toda opresión tiene sus catedrales;
que una herida es el ojo que abre en tu piel la muerte;
que hay cínicos que van hacia la luz
sólo por no saber
lo que otros sufren en la oscuridad...
Nada queda a salvo de sus ojos.
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Lejos de los demás,
abismado en su círculo de tesis y sistemas,
quizá no llegó nunca a preguntarse
si al fin el pensamiento
no es más que un secedáneo d la vida
y a veces su rival. Pero si lo hizo,
debío de responder:- Jamás merece
ser feliz quien malgasta sus ideas,
se esconde
bajo el árbol sin sombra de lo que aprendío
pero ya se ha olvidado
o busca islas
donde enterrar el oro de la ciencia.
Y después seguíría su camino.
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Cerca de la verdad,
junto a los manantiales
del bien y del mal, no tuvo a quién decir:
El que esquiva su suerte, persigue su infortunio.
Saber sirve para querer saber.
El cobarde desata lo que el valiente rompe.
Quien no cree en fantasmas, teme a la realidad...
Es posible que fuera una de esas personas
que de mirar tan lejos
terminan alejándose de su propia mirada.
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Al morir, los doctores
le encontraron el corazón en blanco
y una piel sin señales de exceso o de delirio,
vacía de batallas,
pulcra como la arena de un hermoso
país deshabitado.
Su dictamen fue simple:
Era un hombre ingnorante,
no había conseguido entender nada.
Poema del libro MAREA HUMANA.
BENJAMÍN PRADO.


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