5 jun. 2007

Poesía sin hueso

Otros juglares asaltan la ciudad.

Hay una nueve especie de poeta sobre el asfalto. Sueltan aviones con poesía escrita en sus alas y paracaidistas de plástico con un poema a sus pies. Detestan los recitales de caverna. Tienen poemas pegadizos impresos en una hoja de etiquetas autoadhesivas. Les gusta la atención del peatón; ya no les basta con la del lector. Tiene ingenio y una poesía divertida, juguetona y de fácil digestión.


El cielo corre a lo largo de las cornisas y los vencejos gritan de alegría. ¿Es primavera o se ríen al verme en la batalla diaria con estos ritmos que no me pertenecen, que me arrastan a donde no quiero ir? LLevo el paso perdido pensando en colacao-papel hígienico-fairy-champú-y-pan bimbo, hasta que llego a una calle larga y estrecha, con mil escaparates y el doble de carteles en las paredes libres, y un poquito de acera detrás de los sacos de escombros. Ya me perdí. ¿Que es eso? Un paracaidista de plástico enganchado en una rama; lleva sorpresa: un poema que trata de ayudarme a superar el día. Son los Paracaídias para recaídas, de Perez Saiz Prez, que quiere dejar un sabor de boca agradable y suele tirarlos desde los balcones y puentes de la ciudad para quien se los encuentre.


La ciudad genera imágenes absurdas, capaces de agrietar el día. "No sólo nos quedamos sin los ríos, sino que además lo natural no tiene cabida en la ciudad. Así que quiero entorpecer, molestar el devenir de la urbe, abrir un hueco en el hielo y ponerme a pescar mi alimento. Y lo haré en lugares concurridos para plantear la duda"
artículo de calle 20 por Peiro Hernández Riaño.

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